“Pero luego volveré a conquistarla. La llevaré al desierto y allí le hablaré tiernamente. Le devolveré sus viñedos y convertiré el valle de la Aflicción en una puerta de esperanza. Allí se me entregará como lo hizo hace mucho tiempo cuando era joven, cuando la liberé de su esclavitud en Egipto.” Oseas 2:14-15 NTV
Cuando como cristianos escuchamos la palabra «desierto» la mayoría de veces la asumimos en un sentido negativo, desagradable o de perjuicio. Pero ¿será que Dios tiene eso en mente para querernos llevar ahí?
Claro que no, sus planes y pensamientos son de paz y bienestar (Jeremías 29:11) todo acontece para bien (Romanos 8:28) y esto incluye todo aquello que pudiera sernos “desagradable”. Uno de los propósitos más hermosos de los desiertos a los que Dios nos lleva es el encontrarnos con Él en amores. Es ahí donde el Señor planea revelar sus bondades, ternura y misericordia de una manera más evidente a Su Amada. Ahí donde no hay nadie más que Él y nosotros. Qué lugar tan extraño para ser tierno ¿no? más Él siempre sabe y hace lo que es mejor.
Sin duda, la circunstancia que se vive actualmente en todo el mundo, bien podría ser calificado como un desierto, un tiempo en un espacio aislado y seguro. El asunto está en cómo la Iglesia va a interpretar este desierto. El Señor nos está llevando a estar con Él de una manera diferente más siempre al rededor suyo. En esta temporada de desierto seamos sensibles a Su voz y permitámonos ser seducidos por Su inefable amor.
“Me sedujiste, oh Jehová, y fui seducido; más fuerte fuiste que yo, y me venciste...” Jeremías 20:7a RVR1960
Sin cuestionar ni dudar abandonémonos a Su voluntad y a los versos de Su boca (Biblia) y seamos reconquistados por Él en un ambiente de amor y adoración (Oración). Nadie puede amar a Dios si Él no lo enamora primero.
“Nosotros le amamos a Él, porque él nos amó primero.” 1 Juan 4:19 RVR1960
Seamos sensibles a la voz de amor de nuestro Amado en medio de las sequedades y soledad, es aquí donde el planeo enamorarnos nuevamente. Tal ves el tiempo y la “vejez” nos ha hecho olvidar lo que Él desea recordarnos. Dejémonos seducir por Dios.